Una alarma en la morgue para detectar si el «muerto» está vivo.

El miedo a ser enterrado vivo fue elaborado con el porpósito de que todos aquellos que pudieran sustentarlo hicieran toda clase de arreglos para que se les construya un “ataúd de seguridad”, para asegurarse que esto se evitaría (por ejemplo, con tapas de vidrio para poder observar, sogas con campanas para pedir auxilio, tuberías de aire para poder sobrevivir hasta ser rescatado).

Hay una leyenda urbana que circula por correo electrónico en la que The Bad Old Days afirman que la expresión inglesa saved by the bell (‘salvado por la campana’) se originó por los sistemas de cuerda medievales para alertar a quienes se encontraban en la superficie en caso de entierro accidental. En realidad, la frase proviene del boxeo. No hay evidencia de que en la Edad Media existiera un temor generalizado a ser enterrado vivo.


Un depósito de cadáveres situado en la provincia turca de Malatya, en el centro del país, ha instalado en el interior de las cámaras refrigeradoras unas alarmas que detectan cualquier signo de vida en el que caso de que la persona que ha sido llevada allí “despierte”.

Según explicó uno de los funcionarios de las instalaciones, al menor movimiento que se detectase en el interior se activaría una alarma, con lo que se evitaría enterrar a una persona que en realidad no está muerta. "Si el paciente, declarado muerto por los médicos, se despierta de un estado de inconsciencia, entonces estamos considerando todas y cada una de las posibilidades", aseguró.

El funcionario, Akif Kayadurmus, añadió que las puertas del refrigerador están equipadas con un sistema especial que se abre automáticamente en caso de contacto, según informa la BBC. La medida salvaría la vida al supuesto difunto, aunque con el riesgo de los efectos que causaría en los empleados de la funeraria ver que aquel difunto no era tal.

En cualquier caso, no sería la primera vez que se produce una situación de este tipo. El pasado mes de julio, los empleados del depósito de cadáveres del pequeño municipio de Libode, en Sudáfrica, comenzaron a escuchar gritos provenientes de una de las cámaras frigoríficas.

La voz clamando por que le dejaran salir porque hacía mucho frío pertenecía a un sudafricano de 50 años, cuyo "cadáver" había sido ingresado 21 horas antes. Sus familiares habían solicitado su ingreso en la morgue, cuando vieron que no se despertaba, creyendo que había muerto, según informó la BBC [larazon.es]

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